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martes, noviembre 30, 2004

Cuando se empieza a extrañar el terruño...

Mucho tiempo estuve convencida que no hay nada peor que un argentino nostálgico, lejos de su tierra: siempre glorificando las bondades de su patria, ese país perfecto y paradisíaco; siempre comparando sus mujeres, su comida, sus calles con las de “inferior” calidad de la nueva tierra; siempre alienando interlocutores que no encuentran respuesta a una simple pregunta, ¿qué hacés acá, entonces?



Hay cosas peores. Por ejemplo, 130 argentinos nostálgicos, lejos de su tierra y ¡tratando de organizar una asociación de profesionales!



Ya ni recuerdo cómo me llegó la noticia. Alguien había conseguido el auditorio de la UCLA para la reunión y aunque no sabía bien cual era el propósito, la promesa de café y masitas con compatriotas autodesterrados, no era para andar desperdiciando.



Entré a la sala y me sentí inmediatamente transportada a un clima familiar. ¡Qué bochinche! Aún faltando la mitad de la concurrencia, los decibeles alcanzaban niveles insalubres. Por suerte un hombre de traje azul, posiblemente el organizador, tenía un micrófono y de a poco consiguió que nos fuéramos acomodando en los asientos provistos y prestáramos atención:



-Buenas noches, damas y caballeros. Estamos aquí reunidos para organizar la primera asociación de profesionales argentinos en Los Angeles.- dijo sonriendo, entre los aplausos de la concurrencia.- Antes de comenzar, es importante que entre todos elijamos un nombre propicio para esta agrupación.




Cuarenta y cinco minutos más tarde, tras acaloradas discusiones, nos pusimos de acuerdo: Asociación de Profesionales Argentinos. Todo un logro.



El paso siguiente fue elegir una comisión directiva. Por antojo de otro argentino chistoso, sería un triunvirato. Optamos proponer candidatos entre los presentes y llevarlos a votación. Una idea excelente, si se omite el echo de que no nos conocíamos entre nosotros y la única forma de ser nombrado era proponerse voluntariamente. Allí se armó un pequeño revuelo, con gente escondiéndose debajo de las sillas, detrás de columnas y cortinados o silbando con la mirada perdida como quien no quiere la cosa.




De milagro conseguimos cuatro valientes. Entonces nos quedó la tarea de eliminar uno. Empezaron los cuchicheos. Gente tratando de averiguar información, o recitando entre dientes ta, te, ti, suerte para mi... No faltó el buen intencionado ¿Y por qué no los dejamos a los cuatro?, total... Seguido por un enfático ¡Porque no!Los triunviratos son de tres, boludo, de TRES!!!



El resto de la velada fue más o menos así:



-¿Hay que ser argentino para pertenecer a la asociación?

-¡No, Coreano tenés que ser! ¡Qué pregunta! El nombre lo dice clarito: Asociación de Profesionales ARGENTINOS.

-¡Bueno, no es para ofuscarse! Mi esposo es uruguayo. Estoy segura que le gustaría pertenecer...

-Si, claro que si. Los uruguayos son como argentinos.

-Mi novio es peruano...

-¿Y mejicanos? Si ella trae al esposo, ¡yo quiero traer a mi mujer!

-¿Y si dejamos que se asocie cualquiera de habla hispana?

-Pero entonces le tendríamos que cambiar el nombre...

-¡NO! El nombre queda. La asociación es argentina y aceptamos a otros latinos en un gesto de hermandad.

-Miren, no quiero armar kilombo, pero si empiezan a aceptar a los hispanohablantes, van a tener que aceptar de otras lenguas, sinó sería discriminación...

-¿Y qué profesión hay que tener?

-Eso, aclaren que se entiende por profesión, che! Que hay profesiones y profesiones...

-Es fácil, profesional es todo aquél que tenga un título.

-¡Inaudito! Yo trabajo en periódicos desde hace 40 años y no tengo ningún título ¿Soy por eso menos profesional? ¡Me levanto y me voy!

-Sientesé hombre, que nadie le va a pedir los papeles.

-¡Yo me maté estudiando! El título lo muestro todo lo que quiero.

-Yo hago moción para que se acepten profesionales sin título. Y no lo digo por mí, que si vamos a hablar de títulos, tengo dos...

-¡Andá a mandarte la parte a otro lado!

-Está bien, que se asocie todo aquel que tenga trabajo y listo.

-¡No es justo! Yo hace 3 meses que llegué, soy ingeniero y todavía estoy buscando laburo.

-¿Y cómo nos asociamos?

-Bueno, vamos a imponer una cuota de U$10 mensuales...

-¿Cómo?¿Hay que pagar?

-¿Y si ponemos dos categorías? Una de socios asociados y la otra, de socios sin asociar.

-¿Nada más que estupideces hablan acá?

-No seas desconsiderada, ¡hay gente que no puede pagar la cuota!

-¿Y cual sería la ventaja de asociarse, eh?

-A los socios, les damos una empanada más en las tertulias.

-Con U$10 me compro una docena y no me tengo que juntar con infradotados.

-¡Damas y caballeros!!!! Vayan redondeando que acá el señor de la universidad nos pide que devolvamos el salón...



Redondeando: se decidió que para pertenecer a APA, no se necesitaba ser argentino, ni profesional, ni asociarse. Todos contentos.



Sí, adivinaron. Me uní al grupo. Acudí a las reuniones. Conocí mucha gente piola y me hice de amigos. Hasta edité el boletín mensual durante el primer año.
Pero como siempre, esa es otra historia...